Etiopía, tierra ¿de quién?

Escrito por Lucía Andújar en la categoría Hablan del hambre

Lo estamos leyendo. Una vez más, la sequía pone en riesgo a millones de personas provocando una crisis de alimentos que los gobiernos locales, de dudosa legitimidad, no saben solventar, por lo que la única solución natural es la ayuda internacional.

Llevamos unos meses recopilando artículos de medios sobre la nueva alarma de hambruna en Etiopía. En prensa nacional, autonómica e internacional, leemos: el cambio climático representado en la sequía provocada por El Niño, deja en riesgo de hambruna a millones de personas que dependerán de una mayor ayuda internacional.

Etiopía  ha sufrido en 40 años siete terribles hambrunas provocadas por sequías. Una media de una hambruna cada 5 años. Más allá de los ritmos de El Niño, esta cifra es sinónimo de hambre constante.

Nos preguntamos por qué cuando se habla de círculos viciosos a los que la sequía da pie, se deja fuera del trazo una serie de elementos que son los que de fondo causan y perpetúan una situación de vulnerabilidad, inestabilidad y dependencia en un país como Etiopía. Y nos alegramos cuando nuestra colaboradora Yolanda Polo nos hace llegar este otro artículo de Kattya Cascante, Etiopía no se muere de hambre, sino de rabia que pone sobre la mesa otros ingredientes en la receta de la desnutrición.

El círculo vicioso que perpetúa el hambre es el círculo de la dependencia.  Desde que en los años 70 se puso en marcha la revolución verde, por la que muchos países en vías de desarrollo se endeudaron hasta el punto de tener que cambiar su proceso de producción y comercialización de productos agrícolas, para cumplir con el crédito contraído, se puso en marcha un modelo de dependencia, extendida y asentada en los últimos cuarenta años. Dependencia de un sistema de sobreproducción de alimentos, dependencia de productos químicos y fertilizantes que hacen subir los precios, dependencia del consumo de productos importados a precio mucho más baratos.

Esa revolución verde no logró avances significativos en la disminución del hambre en el mundo de los más pobres pero sí agudizó las diferencias en el acceso a los alimentos.

Esto sí que es un círculo vicioso.  

Otro factor de ese círculo de consecuencias es uno que imposibilita a millones de personas a autoabastecerse cultivando sus tierras. Desde el 2006, e incrementado a partir de la subida de precios de alimentos del 2008 fruto de la especulación del sistema financiero, "entre 15 y 20 millones de hectáreas de tierras de países en desarrollo han sido alquiladas y/o vendidas a multinacionales transnacionales".

 

Pero ni uno de los 40.000 kilómetros de tierra cultivable etíopes que está en manos de inversores indios aparece en los artículos de los diferentes medios que nos alertan de la emergencia humanitaria a la que nos abocamos. Nada sobre esos muchos kilómetros que la población local podría usar para ser soberana y romper con ese ciclo de dependencias que les mantiene en el umbral de la desnutrición.

 

Imagen mapa: inversores, regiones y países. UNCTAD (2010) World Investment Report 2009 Transnational Corporations, Agricultural Production and Development.

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